El caminaba, intentando seguir mis pasos cada vez mas largos. Escuchaba sus palabras pero no las comprendía, o quizá no las deseaba comprender. Arrogante, de forma muy arrogante era su conversación.
Y caminaba, yo solo caminaba, con la mirada inclinada al piso. Mis pasos que cada vez mas largos, tan largos que parecían saltos. Camine y corrí tanto, creo que intentaba escapar y perderme en la soledad.
El siempre a unos centímetros de diferencia, y su voz crecía. Su tono crecía a medida que mis pasos se agigantaban, hasta que mi ultimo paso se transformo en un salto y escuche el silencio. Curiosidad por saber quien era el dueño esa voz.
Cuando aterrice, termine perdiendo el equilibrio y di a parar al suelo. Cansado y sin fuerzas, quise levantar la cabeza, ya no sabia donde me encontraba. Inclinando la mirada, intentando no enfocar demasiado la vista, descubrí su silueta.
Ahí, tan arrogante, inclinándose sobre su pie derecho con el brazo derecho apoyado sobre su cintura. Vi su boca, vi una sonrisa de superioridad. Todo en el dibujaba la arrogancia entonada con un aire de sabiduría.
Estaba esperando a que me ponga de pie nuevamente, para continuar su conversación.
No era una conversación, las conversaciones son entre dos o mas personas y yo estaba del lado del silencio, sus palabras eran replicas.
Se encontraba a un salto de distancia de mi. Bien firme, siempre bien firme. Vencido, rendido a sus pies, decidí incorporarme, con toda la amargura que irradiaba su sonrisa en mi. Al erguirme, decidí ver su rostro y mientras lo hacia el dijo..
"No corras. No seas la criaturas que odias, no me transformes en el demonio de la mirada penetrante. No seas la tristeza, no vivas a la espera de la felicidad, tampoco ocultes tus miedos, no tengas miedo al amor, a no ser correspondido. No te encierres en tus palabras, en tus pensamientos. No contemples la soledad. Vive cada amanecer y cada anocher como si fuera el ultimo. Vive... por eso estas aquí, por eso estamos aquí.."
No hay comentarios:
Publicar un comentario