Por momentos me aferro a la idea de mis actos contra el tiempo.
Detesto el tiempo, algunas veces me veo correr en contra de él, otras veces voy a destiempo entorpeciendo cada uno de mis pasos. Pero la gran mayoría de las veces se detiene frente a mi, congelando mi mente en un instante eterno de pensamientos y recuerdos, donde no existe el presente (sin mi ahora), donde solo se respiran los recuerdo (mi pasado) mientras, en ideas e ilusiones, dibujo los posibles senderos a interpretar (mi futuro). Esta patalogia la interpreto como la espera.
Maldita espera.
Alejo de mi el presente llenándolo con pensamientos,el cuerpo sucumbe en el momento. Me creo ser la nada o nadie, transitando o simplemente aguardando por lo que anhelo llegar.
Cuando el momento llega no actuó, no despierto en el presente. Veo al tiempo actuar y yo inmóbil lo veo transitar. Al reaccionar ya es demasiado tarde. Muchas veces, en su mayoría por miedos, me deje llevar anticipando al instante en que debería actuar. Esas tantas veces volvia a fracasar, fracasarle a mis deseos.
Con mis primeros fracasos buscaba a las victimas, buscaba a los culpables, pero siempre me encontraba con el tiempo (mi tiempo), con mis acciones, conmigo mismo. Considarandome como un martil ante mis ojos, frustrando mi presente, condenando mis actos, ocultándome en mi propia sombra.
Quizá con el tiempo, todo retomaba a la normalidad, todo menos yo. Buscaba volver en el tiempo, mucho mas atrás que los errores y terminaba donde ya todo lo que sigue es desconocido. Marchito por el pasado, sin el presente, solo intentando sobrevivir.
Todavía no encuentro un escape, mi presente es pasivo sumergiéndome en las aguas del pasado y saliendo al presente solo a respirar. Sobrevivir. Sin darme cuenta me olvido que se siente vivir. Solo respirar. Sobrevivir.
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