Siempre cometo el mismo error, confiarme.
Confié demasiado en ti querido andaluz,
solté tus riendas.
Pedí el control y mi centro de equilibrio,
caí y me estrelle contra el piso.
En esos momentos engaño el dolor con la risa.
Pero esta vez detone haciéndome trizas.
Aprendí bien, no hay señales de secuelas a la vista,
ya no trauman las caídas,
lo único que debo es esperar el fin del día.
No es equitación pero debo cabalgar a pasos firmes,
trotar sin correr es como debe ser,
para alcanzar el sueño, llegar a la meta,
pero cuando creí haberte domado querido corcel,
me terminas tirando abajo.
Después de la tormenta volveré a deslizarme
hasta alcanzar tus riendas.
..Mi destino es alcanzar ese mar,
me mantengo de pie a la espera de la acción.
Pero cada vez que subo lo que intentarás es bajarme
No es tan simple seguir así..
son tristes las despedidas..
querer y necesitar tanto algo,
que nunca podría decir adiós..
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