Entre las rocas y arena fría junto a la brisa, sentado sobre la húmeda orilla, el motivo será la espera.
En un más instante mas el cielo se abrirá y de las profundidades emergerá el Sol para dar inicio a un nuevo día.
La noche comienza a extinguirse, una llama se enciende en el horizonte.
Comienzo a contemplar el destello de su salida, dando inicio a mis sentidos que la helada noche había consumido.
Céfiro, única compañía, me envuelve en forma a un manto tibio.
Deseo ser atrapado en la corriente, enterrar mis pensamientos en el mar, encerrarme en las profundidades, pero las olas son fuertes y me devuelve a la orilla.
Me levanto de la arena, y cierro los ojos, no puedo sostener la vista.
Se intensifican mis sentidos o quiebro la razón ¿acaso escucho al viento hablarme?
Sus palabras ya son claras y lo escucho mejor, escucho susurrar al mar, susurra mi nombre al oído.
Abro los ojos, corro hacia el final, mas adentro de la orilla.
Grito fuerte su nombre al viento, y aguardo en silencio.
Nadie me responde, ni siquiera el viento.
Retrocedo, de espaldas me alejo en dirección opuesta de la estrella saliente.
Cruzo la plataforma de madera, ya no hay mas arena.
Sobre la pasarela decido culminar la noche con un ultimo vistazo al horizonte.
Veo el azulado del cielo,
veo una rebelión de nubes,
veo el Sol naciente,
veo el reflejo del crepúsculo sobre la inmensidad del océano,
veo la orilla del mar,
y veo tu sombra en la arena.
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