Alentado por la desesperación, desperté de un sueño profundo. Un poco aturdido, con los ojos entre abiertos y a la vez cerrados, intente erguirme, todo para defenderme de mi alucinación. Abrí las ventanas, las puertas, salí a la calle pero esa sensación nunca desapareció. Ahora no duermo, no como, no bebo, no respiro, no vivo, no descanso.
Solo sueño.
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